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OPO - Nos gustaría
que recordara algo de su infancia.
E.P.
- Me inicié en Tandil. Yo era muy chico y estaba de vacaciones con mi
familia (muy aburrido), y mágicamente apareció una señora con su hijo
que eran titiriteros.
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Me
fascinó y quise hacer lo que ellos hacían. Fue un despertar
a un mundo distinto.
Allí
empezó todo. Después estudié teatro y cine, no fui a
ningún taller de pintura. Empecé a trabajar con la imagen,
pero nada de lo que hacía respondía a la imagen de un pintor
tradicional. Comencé haciendo cine en Super 8. Yo formaba
parte de un grupo de experimentación y proyectábamos las
obras en la Escuela Panamericana de Arte, en el CAYC (que fue
una especie de continuación del Di Tella) y en el Instituto
Goethe.
Yo
era un under del cine, y paralelamente estudiaba en el Di
Tella, porque todavía se daban cursos, a pesar de que ya
había dejado de funcionar como centro cultural. |
En
esa época me fasciné con el libro Alicia en el país de las maravillas y
empecé a hacer un largometraje. Tardé más de dos años en terminarlo,
porque tenía poca plata y solamente podíamos filmar los fines de semana.
Como yo era productor de rock, la música de la película la compuso
Charly García, que era un desconocido como yo. Traíamos grupos de afuera
y todo salía de las oficinas de Rock Centro, de la que era productor. La
película se terminó. Se exhibió en Buenos Aires y después la llevé
debajo del brazo por el mundo para mostrarla. Pude ubicarla en Estados
Unidos. Un productor europeo me dijo que estaba interesado en producirla
en Italia. Allí fui, y me quedé ¡16 años! (con la película no pasó
nada). Trabajé en teatro y en televisión, pero para obtener la
residencia, debía estudiar algo y empecé la carrera de dirección
artística. En ese momento aparece la primera computadora que era una
Hatari y con ella hice mi tesis conectándola a video. Cuando la presenté
uno de los profesores dijo: "Bravo, con un mattone ha fatto un
miracolo" (Bravo, con un ladrillo hizo un milagro), descubrí así,
el poder de este medio nuevo y decidí ir a Estados Unidos a
especializarme. Cuando volví a Italia, abrí un estudio y trabajé para
publicidad y marketing. Con el pasar del tiempo, me fui aburriendo de esta
actividad y empecé a hacer cuadros con la computadora y a trabajar para
estudios de arquitectura y diseño industrial. Me fue muy bien, porque yo
no era un típico operador de computadora, era un creativo, que la usaba
como una herramienta. Desde chico me gustó la tecnología. Mi padre
tenía una fábrica de televisores. Ellos y las radios eran mis juguetes
preferidos. Los desarmaba, los investigaba, los armaba y los rompía. La
otra vez, me escribieron una nota muy linda, titulada El artista del
futuro a mí me parece errado. Esto no es el futuro es el presente. Lo que
estoy haciendo ahora, dentro de cinco años va a ser obsoleto y las
máquinas que tengo hoy, seguramente no servirán. Hace poco, Pierre
Restany me hizo otra nota titulada El artista del futuro inmediato ¡ No
sé que pasa! No pueden admitir, que esto es "el hoy". Esta es
la dificultad que tienen muchos críticos de ver la realidad. Hay muy
pocos que tienen la capacidad de acercarse a lo que sucede en este
momento.
OPO
- ¿Qué características debe tener el arte digital para que su obra se
encuadre en él?
E.P.
– Yo estoy en contra de encuadrarla como arte digital, cada muestra es
distinta. Hago cosas para chicos, después una muestra de arte erótico y
luego una instalación. Es difícil encuadrarme. Sería más fácil para
los críticos y para mí que hiciera siempre lo mismo. Así te rotulan, el
público te busca por lo conocido. Uno se jubila y se muere y ¡ya está!.
Pero yo me aburro. Me gusta experimentar, probar, implementar ideas
nuevas. Para mí el arte es una búsqueda, una evolución, una novedad
continua. Hay artistas así. ¡Yo no soy el único loco! Todo depende de
las inspiraciones que puedas encontrar o las curiosidades que puedas
tener. No me gusta estar encerrado con la máquina todo el día. Tengo
asistentes, no hago todo solo. ¡No tengo tiempo!
OPO
- Sus muestras tienen mucha convocatoria y un público muy heterogéneo
¿cómo se logra esto?
E.P.
- Eso es un trabajo también. El artista no solo pinta y expone. Debe
saber moverse. Tiene que hacer relaciones públicas, ocuparse de la
prensa, de la difusión. Esto no es ningún secreto. Yo lo manejo
naturalmente, a lo mejor, debido a mi formación en marketing y
publicidad. Considero al arte como un producto, y como tal se ajusta a las
leyes del mercado. Si uno sabe de esto, conoce a quien va dirigida la obra
y sabe manejar esas variables. No concibo una muestra en que no vaya
nadie. Colgar cuatro cuadros para que los vean diez amigos y un crítico,
y después se acabó ¡es una barbaridad!. ¡Yo eso no lo hago! Armar una
exposición es un esfuerzo tan grande que no se justifica que sea para
pocos. Recuerdo que una vez me preguntaron ¿cuánto tardaste en hacer
esta obra? Y yo le contesté: -cuarenta y nueve años- Lo que sucede es
que una obra no es sólo el momento de hacerla, es lo que se va
acumulando. Relaciones, experiencias, vivencias... es toda la vida. No
tiene mayor importancia que la realice en cinco minutos o meses. La
velocidad de elaboración nada tiene que ver con la calidad de la obra. En
este momento estoy haciendo un mosaico digital de cinco metros para casa
FOA, que este año se hace en el convento de Santa Catalina. Es un trabajo
muy lento, porque lleva muchas imágenes de la santa, que hay que
recopilar y equilibrar cromáticamente. Es una especie de rompecabezas y
lleva mucho tiempo.
| OPO
- ¿Cuál de sus obras lo representa mejor en el exterior?
E.P.
- Tengo obra en Estados Unidos y Europa. Últimamente me han pedido
mosaicos digitales. Tengo miedo de que me encasillen. Voy a hacerlos
este año y basta. Yo no soy el único que los hace, pero me
diferencio, porque narro la historia del personaje. Cada juego
cromático es una imagen. El primero que hice fue la vida de Cristo,
con motivo del Jubileo. |

Pile
(Instalación) |
Al
mirarlo de lejos se ve el rostro, pero al acercarse, está la
historia de Jesús a través de los siglos. Cuando hice el de
Piazzola, está desde chico, con su familia, sus mujeres, toda su
vida.
OPO
- ¿En Argentina se siente copiado?
E.P.
- ¡Noo! Yo estuve en ArteBa 2001. Hice una propuesta distinta al resto.
Había mucha gente, pero no vendí nada. En el exterior hubiera vendido.
OPO
- ¿A qué se debe la incorporación de temas arqueológicos a su obra?
E.P.
- Es la búsqueda de los orígenes. Soy mediterráneo, una rara mezcla de
catalán, italiano y francés. Cuando estoy en Buenos Aires me siento
bien, pero pasa un tiempo y me pongo nostálgico de algo que no sé que
es. Esto me lleva a mirar libros, fotos, figuras que tengan que ver con
Italia en donde viví, nada menos, que 16 años. Debido a esto empecé el
trabajo de los frescos de Pompeya, donde hacía un juego de modificación
de los originales. Inventé historias, agregué personajes, cambié la
técnica, modifiqué los tamaños. Fue realmente muy divertido. A mí me
pasa algo con Italia. Es indudable. Con un intervalo de quince años, he
tenido dos experiencias muy particulares. Cuando era adolescente, mi
familia me llevó a Europa de paseo. Estábamos comiendo en un restaurant
de Bérgamo, que es como una pequeña Florencia ubicada en una colina. Yo
me aburría terriblemente y salí a caminar. En la plaza principal, y sin
saber el motivo, me puse a llorar desconsoladamente. Tardé largo rato en
reponerme y cuando llegué donde estaba mi familia, un amigo de mi padre,
al que le expliqué lo que me había pasado, me preguntó ¿no te
gustaría vivir en Italia? Este episodio de mi vida se aclaró hace dos
años. Estando en el Palazzo Ducale de Venecia, comencé a sentir una
sensación de peligro de muerte. Sentía que me iban a matar. Me dirigí
desesperado hacia afuera y al pasar por la galería del palazzo me vi
retratado. Cuando logré salir, desesperado, mi amiga que estaba
esperándome, decidió investigar. Entró, fue hasta la pintura, y
descubrió que el retratado (que era idéntico a mí), había sido un
príncipe de Bérgamo, que fue condenado a muerte por el Dux de Venecia,
en ese mismo lugar. De esta manera encontré el hilo conductor entre estas
dos historias. Son nuestras vidas anteriores que salen a la superficie.
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OPO
- ¿Le resultó difícil imponer su obra?
E.P.
– A mí toda la vida me resultó difícil imponerme. (risas).
Cuando estaba en Europa, en los
primeros años, como era una técnica nueva, no se entendía.
Solamente después de ganar un premio en Nueva York, se me abrieron
las puertas en Italia.
OPO
- ¿Quiénes fueron sus maestros?
E.P.
– Tuve muchos maestros en la vida, no sólo estéticos. |
Pero
el mejor es la naturaleza. Mirar los colores de un amanecer, del mar, o un
arco iris, son suficientes. No es necesario estudiar tres años de
cromatografía como lo hice yo.
OPO
- ¿Es romántico?
E.P.
- Soy un romántico decadente (risas).
OPO
- En los últimos tiempos, hubo una especie de invasión del uso de la
tecnología en el arte ¿es una moda?
E.P.
- Creo que la gente está descubriendo lo que se puede hacer con la
computadora. Yo no soy programador, no soy técnico, uso los programas que
hay. Por eso me fue bien en Europa, porque no era un operador, era una
persona sensible y creativa, que usaba la computadora como instrumento. En
mis trabajos de años anteriores, se ven las limitaciones de la
tecnología. Hoy podría hacerlos mejor, pero no tiene importancia. En el
mundo hay tres festivales importantes de arte digital, Sigraph, en Estados
Unidos; Lintz en Austria; e Imagina en Montecarlo. Yo participé y obtuve
un premio en el de Montecarlo, con un video animado muy simple. Los
personajes cantan y bailan y en un momento se quedan inmóviles, al
alejarse la cámara se ve que forman un cuadro de un futurista italiano.
Era un teatro de marionetas, que le dio vida a un cuadro. Creo que el
premio se debió a la simpleza, en medio de tanto alarde de tecnología.
Vale más lo que se dice, que como se hace.
OPO
– Aparentemente en su vida y en sus obras hay una actitud lúdica ¿es
así?
E.P.
– Me encanta jugar. Espero que me dure toda la vida, porque sino sería
muy aburrida. Me gusta hacer cosas para chicos. En una
muestra que hice en el Palais de Glace yo estaba en el piso de
arriba y abajo estaba Pettoruti. Los chicos de los colegios (que había
muchos) se aburrían, querían jugar, divertirse. Cuando veían los
monitores que había puesto
en la escalera con mis obras subían solos. Ellos querían participar y
ver cosas en movimiento y eso dio lugar a Jugando
con el arte, que un
tiempo después se hizo en el Centro Cultural Borges, patrocinada por
UNICEF. Los chicos tenían en la computadora diez cuadros famosos de la
Historia del Arte, ellos podían modificarlos, tomar objetos, pintarlos,
imprimirlos y llevárselos a su casa. Jugando iban conociendo quien era el
pintor y de que época era. Así a los chicos el arte les gusta. Aprenden,
participan y se divierten.
OPO
- Nos comentaron que su casa es muy especial ¿es verdad que tiene una
heladera vaca?
E.P.
- Mi casa es de cuatro pisos, pero no es muy grande. Tengo estudio y
vivienda juntos. Es cómodo no tener que salir a trabajar. Lo más
divertido es la vaca. Un día, en una muestra de esculturas del Museo
Sívori, vi a una vaca de tamaño natural, pero que de la cola le salía
un cable. Eso me dio mucha curiosidad. La empecé a mirar con atención y
descubrí que la panza se abría. ¡Era una heladera! Surgió así la idea
de tenerla en casa. La llegada y entrada de la vaca a mi cocina fue un
episodio memorable. Imagínense, la vaca en la vereda, el tráfico
cortado, los chicos del colegio de enfrente en la calle ¡un verdadero
caos! Había que subirla al cuarto piso y entrarla por la ventana. El
escultor, previendo esto, había traído a siete alpinistas de Tandil,
¡fue terrible! Tardamos horas para subirla. Las sogas de alpinismo son
flexibles (cosa que supe en ese momento) hacían que la pobre vaca subiera
y bajara continuamente. Cuando finalmente logramos que llegara arriba
¡¡no entraba por la ventana!!. Después de varios intentos logramos
ubicarla en un lugar especialmente preparado, pintado de verde pradera e
iluminado. Pero no todo es fácil en la vida y esta ubicación tenía un
inconveniente, la cola apuntaba al living y yo me cansé de verla todo el
tiempo en primer plano. Finalmente quedó con la cabeza en un pasillo,
lugar de riesgo para los visitantes, porque los cuernos son verdaderos y
el espacio es reducido. Todos los que me visitan quieren una foto con
ella. Una persona me sugirió hacer un libro con fotografías y una
historia, titulada La vaca que quería ver el mar. Contaría la vida de
una vaca, que se aburría en el museo y un artista la puso en su living,
pero estaba incómoda, por lo tanto decidió llevarla a Punta del Este. Yo
me imaginaba sacándole las fotos en el Buquebus y después en el camión
que la llevaría al mar. Al final el libro no se hizo y ella sigue allí,
pero fue muy divertido.
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OPO
- ¿Cómo cree que lo ve la gente?
E.P.
- No sé, hay gente que cree que soy arrogante, pero soy tímido.
OPO
- ¿En qué orden elegiría: salud, dinero y amor?
E.P.
- El orden sería salud, amor y dinero.
OPO
- ¿Se ríe de sí mismo?
E.P.
- Trato, no siempre puedo. Me gustaría reír más.
OPO
- ¿Y de los demás?
E.P.
– Sí, también. |
ESFERAK |
OPO
- ¿Es frívolo?
E.P.
– Un poco, lo necesario.
OPO
- ¿Se cree culto?
E.P.
– En mi estudio hay muchísimos libros, pero tengo muy mala memoria, si
me acordara de todo lo que he leído, dejaría impactada a la gente.
OPO
- ¿Qué es la infidelidad?
E.P.
– Es un problema de narcisismo y de inseguridad.
OPO
- ¿Le parece lógico morir?
E.P.
– Sí, claro. El único problema es que, si fuéramos al cielo, al
infierno o al purgatorio, seríamos casi todos viejos decrépitos ¡qué
feo!
OPO
- ¿Qué es un momento de felicidad?
E.P.
– Un día me desperté al amanecer y miré como salía el sol durante
media hora. Fui feliz.
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Las
mil caras de Gardel |
OPO
- ¿Qué es el amor?
E.P.
– No sé. El amor es plantar una semilla, regarla, cuidarla, de
ella nace una planta, que da flores,
después frutos. Ese fruto es el del amor, que luego se come.
OPO
- ¿Se siente solo?
E.P.
– Uno puede tener pareja, hijos, padres, amigos. Pero siempre se
está solo. A veces se siente más o menos la soledad, pero está
presente.
OPO
- ¿Qué tipo de silencio le gusta?
E.P.
– Es muy difícil estar en silencio absoluto, estamos
desacostumbrados. En un estudio de grabación, por ejemplo, el
silencio es tal que uno escucha sus sonidos interiores y a mí me
asusta.
OPO
- ¿Qué da el dinero?
E.P.
– El dinero da comodidad, abre puertas,
pero es un arma de doble filo.
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OPO
- ¿Se postergó alguna vez?
E.P.
– Sí, debe ser por eso que ahora estoy tan apurado. Hay un período
de la vida en que los años pasan sin ser advertidos. Después, uno
empieza a preguntarse sobre lo que hizo y lo que queda por hacer. Me
interesan mucho las religiones de oriente. En ellas rige la concepción
del ahora.
OPO
- ¿Qué trabajo le disgusta?
E.P.
- ¡Lavar los platos!
OPO
- ¿De qué se disfrazaría?
E.P.
– Una vez, por seguir la consigna de que había que disfrazarse, fui a
una fiesta vestido de loro, y era el único. ¡Fue horrible, todos me
miraban! Por supuesto, me volví a mi casa rápidamente. Otra vez, cuando
vivía en Como, me había olvidado que a la fiesta a la que tenía que ir
era indispensable estar disfrazado. Ya era la hora y tuve que improvisar
algo. Con unas telas verdes que tenía me envolví y me sujeté en la
cabeza unas hojas de palmera que arranqué de las plantas de la orilla del
lago. Cuando llegué a la fiesta tuve una gran decepción porque todos me
preguntaban ¿De qué estás disfrazado? Y yo les contestaba indignado. ¡De
palmera, de que va a ser! A mí me parecía tan obvio. Por lo visto no lo
era.
OPO
– Estamos muy agradecidos por el tiempo y la dedicación que nos ha
brindado.
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