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El
quitahambre
Madera
de Jomuca, 17x17x6", 1995

Estudio para
objeto negro. Ébano, 1998.

Proyecto
para monumento. 1999.
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Apelo
a la frase citada de Marcel Proust para titular este acercamiento a
la obra de la destacada grabadora y escultora cubana Jacqueline
Maggi Hollands (Nueva York, 1948), quien incursiona con destreza en
la calcografía - aguafuerte y punta seca - y la xilografía, aunque
no se sustrae de pintar y dibujar, al tiempo que realiza la
especialidad que más le fascina: la escultura, definitivamente. De
padres cubanos, a los tres años es trasladada a La Habana, donde
reside; actualmente alterna con su residencia en Washington. Se gradúa
en 1975 en la Escuela Nacional de Diseño y en el Instituto Superior
de Arte (ISA) en grabado en 1982. Realiza estudios de posgrado sobre
esta técnica en 1987 en el famoso Atelier 17 creado por Hayter en
París.
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Acaríciame.
Escultura en madera, 13x8x3.5", 1994.
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Enaltecer los
objetos que nos rodean refleja su obsesiva mirada reflexiva sobre el
entorno. Este fenómeno se aprecia desde su acercamiento, a partir
de su aguda sensibilidad esencialmente femenina y raigalmente artística,
que se contrapone al esfuerzo que supone realizar sus obras, las que
asume con pericia técnica y habilidad manual envidiable. Su
ferviente creatividad y su gusto por descubrir el goce estético en
todos aquellos objetos cotidianos y domésticos que nos circundan
conforman la captura de un mundo muy personal.
La imagen de su
universo recrea su imaginario en el que hacen gala la sencillez, la
laboriosidad y el justo contrapunteo estético de materiales, los
que han caracterizado su quehacer de estos años, desde que en 1980
comenzó a obtener distinciones en eventos nacionales de plástica.
Toda su obra parece remitirnos al pensamiento que reza en El
principito de Saint - Exupery: "Oye mi secreto. Es muy
simple. No se ve bien sino con el corazón. Lo esencial es invisible
para los ojos."
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