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Juanica y los
peces
Óleo/tela
(200 x 140 cm), 1967
Desde
sus comienzos, la naturaleza humana y sus relaciones con el
entorno lo sedujeron y esta realidad le hace comprender, que su
arte está signado por la confrontación de su experiencia con la
recepción del mundo exterior, marcada indeleblemente por su espíritu
romántico. Esta característica genera una dinámica que impulsa
su fantasía y acrecienta su deseo de llevar a cabo un proyecto
artístico propio.

Los
jigües del charco verde
Óleo/tela,
1990
El
monte absorbe al hombre, lo permea de ese ambiente rodeado de
follaje y formas misteriosas. En la noche, sobre todo, el hombre
se enfrenta al monte y éste está impregnado de vidas, de esa atmósfera
natural conformada por su olor, sus ruidos de animales, del agua,
del viento, así como de las manchas de las nubes en las siluetas
de los árboles o, por ejemplo, la sensación que se produce
cuando un relámpago ilumina una zona y se consigue ver formas
antropomorfas gracias a nuestra imaginación. El jigüe, en síntesis,
es un elemento mimético, producto de la sugestión del hombre
ante su enfrentamiento con la naturaleza. Responde a una actitud
caleidoscópica del artista al pintar formas orgánicas a partir
del sentimiento y de acuerdo al sentido de la emoción, que esta
simbología innata, consigue en la conjunción e interconección
de una cosmogonía plena de un encanto peculiar. Por lo tanto, el
fundamento de las apariciones del jigüe en la vida cotidiana del
ser humano, se explica por el asombro del hombre ante lo inmenso
de la naturaleza en su riqueza compositiva y la propia pequeñez
del individuo ante esa magnificencia, quien al propio tiempo, se
siente parte de ese maravilloso sistema.
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Perteneciente
a la primera graduación de la Escuela Nacional de Arte
(ENA) en 1967, se revela desde los primeros momentos como
un artista de estilo propio, portador de una poética
sui-géneris, con una labor que no escatima en variantes:
pintura, dibujo, grabado, escultura, cerámica e
instalaciones.

Sin
título
Barro
cocido y esmaltado (29 x 61 cm)
Su
principal quehacer está indiscutiblemente ligado a la
pintura, con imágenes reveladoras de símbolos y
mensajes. La primacía de sus símbolos se centra en la
aparición del jigüe, a través del cual, Ever consigue
atrapar los misterios de la vida. El jigüe es un elemento
que reproduce o da testimonio de la fuerza que tiene la
naturaleza para sorprender al hombre. En el sentido de la
creación, el jigüe da fe de su poder, de la transformación
orgánica para lograr efectos, producto de la imaginación
del hombre en la interrelación de sus sentimientos
consigo mismo.

Sin
título
Barro
cocido y esmaltado (30 cm)
Ever
Fonseca, heredero de la fuerte tradición pictórica
cubana desde las primeras vanguardias artísticas, se
inserta en el arte contemporáneo con una visión
expresionista de base surrealista, que emana y se nutre de
la sabiduría popular, como Wifredo Lam o Manuel Mendive -
por sólo citar dos ejemplos relevantes - cultivadores
también de la imaginería, como revelación del poder del
instinto en los seres creativos.
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Sin
título
Barro
cocido y esmaltado (27 x 19 cm)
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