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Perfomances
Cibernéticos
Perfomances
Cibernéticos
objeto
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Una
especie de obsesión autorreferencial parece dominar la obra de
Deborah Nofret, presentada ante el espectador como una especie de cóncavo
espejo reflector de las más íntimas inquietudes y contradicciones
de la artista. Pero, a diferencia de la galería de autorretratos
que nos muestra la historia del arte, donde lo esencial está dado
en el logro del parecido físico y psicológico con el retratado, en
toda una primera larga etapa, y después, con el arte moderno, la búsqueda
del reflejo de las particularidades de su personalidad; el uso de su
propia imagen, en el caso que nos ocupa, es pretexto para
despistarnos, señuelo para hacernos caer en la trampa de sus
manipulaciones conceptuales.
Deborah
Nofret Marrero Jiménez, nacida en 1967, en la ciudad de Cárdenas,
en la cubana provincia de Matanzas, ha salido al ruedo de la creación
plástica con evidentes intenciones transgresoras, utilizando con
ese fin, medios creativos abarcados por las márgenes más avanzadas
de la postmodernidad, aunque no precisamente vírgenes.
Las
posibilidades de maquinaciones transformadoras que le ofrece la
tecnología cibernética le permite atraernos a un juego de
impresiones visuales de aparente fácil comprensión, ocultadores
sin embargo de un complicado torbellino de sentimientos encontrados,
que ella expresa valiéndose de los más contradictorios y
extravagantes resultados técnicos. Desde un hiriente expresionismo
transformador de su rostro en desgarradoras máscaras; hasta el
ensayo de las múltiples posibilidades combinatorias del ordenador,
en alucinados diseños decorativos.
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