
Islámico, arte Esencialm. religioso, es un arte que refleja la vigorosa infl. de la fe mahometana. La decoración es un elemento fundamental que ha sido incansable e ingeniosamente elaborado desde la fundación de la religión musulmana del s. VII de nuestra era que, en su tiempo, prohibió la representación de seres vivos. Tras la muerte de Mahoma (632), la familia Umayyad (Omeya) rigió el imperio del Islam (h.650-h.730) que abarcaba Egipto, Siria, Persia y Mesopotámica, así se fundó la civilización islámica. Artesanos de dichas tierras aunaron sus habilidades, pero sus diferentes tradiciones produjeron una arquitectura de un estilo un tanto ecléctico que solo se desarrolló y estableció durante el gobierno de la dinastía abasí (h.730-h. 790). Durante esa nueva dinastía se produjo un considerable progreso creador e intelectual: comenzaron a surgir los elementos distintivos del a.i., como el arabesco y la roseta que, entre otros, luego influyeron en el arte del Renacimiento. Los artesanos i. sobresalieron en la arquitectura utilizando esos motivos para destacar la belleza estructural, muy notablemente en el carácter único de la mezquita. Asimismo se desarrolló una tradición de cerámica y porcelana de elevada calidad, influidos en particular por la porcelana china que llegaba a Persia a través de rutas comerciales. Elementos de otras muchas culturas infl. en la trayectoria del a.i., en especial la mesopotámica, persa, la mongol, la turca y la egipcia. El Islam también se estableció en el N. de la India desde h.700, y fue bajo los gobernantes mongoles cuando el arte musulmán de esa región llegó a su cenit. El Taj Mahal es quizás el ej. más conocido de la arquitectura i. en la India. Por el extremo O. del Mediterráneo, el Islam penetró en buena parte de la península Ibérica, donde permaneció hasta el s. XV, dejando numerosas huellas en el arte hispanomusulmán. Durante los s. XV y XVI, los turcos otomanos gobernaron la mayor parte del mundo i., que abarcaba Turquía, Grecia, los Balcanes, Egipto y Siria, Mesopotamia y la mayoría del N. de África. Los gobernantes ilustrados de esos imperios fomentaron el desarrollo artístico hasta un extremo de que el período se considera uno de los más importantes del a.i. Tanto el dibujo como el armonioso empleo del color florecieron y se utilizaron con gran efecto en la cerámica y, en particular, en la confección de hermosos tejidos, en especial de alfombras. Las pinturas i. más tempranas datan de h. 1500, en una tradición cultivada por los gobernantes mongoles y fuertem. infl. por las técnicas de las miniaturas persas. Las típicas pinturas costumbristas recogen escenas palaciegas y de caza, empleando un colorido variado y brillante, con gran perfección técnica. En la península Ibérica del a.i. se manifiesta con gran esplendor tras la organización del emirato de Córdoba en el s. VIII. Al impulso de los emires y califas omeyas se debe a la construcción de la gran mezquita de Córdoba (s. VIII-X) y la ciudad de Medina Azara (fundada en 936). Paralelamente el arte califal se desarrolla el llamado arte mozárabe, reflejo del influjo de la cultura islámica en el arte cristiano. A la disolución del califato (1030) siguió el periodo de los reinos de taifas y la llegada de nuevas influencias de las culturas norteafricanas (almorávides y almohades) que se manifiestan en la Giralda (s. XII) antiguo alminar de la mezquita de Sevilla. Al mismo tiempo, el avance de la reconquista supuso la integración en los dominios cristianos de artesanos y de tradiciones artísticas islámicas que dieron lugar al florecimiento del arte mudéjar. La ultima fase del a.i en España está representada por las refinadas creaciones del reino nazarí de Granada, cuya máxima expresión es el legendario palacio de la Alhambra (s. XIII y XV).